Año Nº 7 - Edición Nº 2.613 Miécoles, 12 de Diciembre de 2007 Actualmente usuarios conectados
SECCIONES
 
COMUNIDAD
  Contáctenos
Chat

Cartas de Lectores
Cartas a mis amigos
Libro de Visitas
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
   
VIENTO NORTE
Con palabras, pero también con gestos, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner empezó a darle a su naciente Gobierno una impronta conceptual y funcional que lo distinga del de su marido y antecesor, Néstor Kirchner, sin renegar de él.

En su discurso ante la Asamblea Legislativa la presidenta enumeró los cuatro capítulos fundamentales” de su gestión: “las instituciones, la sociedad, el modelo de acumulación con inclusión social y la inserción en el mundo”.

Aunque no en la práctica, sí en la formulación, el primero y el último de esos “capítulos” estuvieron ausentes del Gobierno de Néstor Kirchner, a quien es difícil imaginar articulando discursivamente sus acciones del modo que ayer expuso su esposa.

**********

En materia de gestos, los deditos de Cristina y sus directivas verbales indicándole a Néstor dónde ubicarse y qué hacer en el acto de traspaso presidencial, la puntualidad y el orden en que se desarrolló el programa de juras, actos y celebraciones, hasta llegar a las reuniones agendadas en la Casa Rosada con el primer ministro francés, Francois Fillón, y la presidenta chilena, Michelle Bachelet, contrastaron con la desgarbada asunción, en mayo de 2003, de Néstor Kirchner, cuya conducta aquel día fue un anticipo del culto por la impuntualidad y desapego a las formas que caracterizarían su gestión.

**********

La sociedad político-conyugal de los Kirchner, las caras del gabinete y el reconocimiento expreso a los méritos del gobierno saliente hacen descaminado esperar que ayer se inició uno muy diferente, pero algunos pasajes del discurso marcaron matices y el reconocimiento de cierta tensión de objetivos, por más que Cristina reiteró que no cree “en los triunfos personales y particulares” y que ella asumió, al igual que su marido, “en nombre de un proyecto político”.

Tal vez el fragmento más revelador al respecto fue aquel en que la flamante presidenta dijo que el Pacto Social que se propone “no es un acuerdo de precios y salarios”, para luego asestar una advertencia a dos puntas.

“No vine a convertirme en gendarme de la rentabilidad de los empresarios, olvídense; (y) tampoco a lidiar en internas sindicales o políticas”, dijo Cristina.

La sonoridad de la frase fue amplificada por la ausencia, tanto en el Congreso como en la Casa Rosada, del secretario general de la CGT, Hugo Moyano.

**********

Por otra parte, la afirmación sobre la rentabilidad es curiosa por provenir del kirchnerismo- que gusta hurgar en los costos de las empresas –la especialidad del polémico secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno- y se precia de saber qué son un precio y una ganancia “razonables”.

El 18 de septiembre pasado, apenas horas después de prorrogar por decreto y seis años antes de que caduque el régimen de promoción industrial de Tierra del Fuego, estirando su validez hasta el año 2023, el entonces presidente Néstor Kirchner afirmó: “todos los argentinos tenemos que garantizar que los empresarios tengan rentabilidad”.

**********

Más que un cambio de posición, la (relativa) prescindencia que ayer insinuó Cristina al respecto sugiere un reconocimiento de que las presiones inflacionarias y la próxima pulseada entre empresas y sindicatos son el desafío más difícil de la etapa inicial de su gobierno, que en lo fundamental se definirá en el primer semestre de 2008.

El reconocimiento de las tensiones entre las aspiraciones del campo y la industria y la necesidad de resolver la “matriz energética” (objetivo que relacionó con el ingreso de Venezuela al Mercosur) fueron otros pasajes del discurso que apuntaron más a problemas pendientes de solución que a logros de la gestión de su marido.

*********

Por lo demás, las palabras de Cristina recorrieron estaciones previsibles, como la reivindicación de la nueva Corte Suprema de Justicia, la determinación de avanzar en otros niveles de la reforma judicial y el enjuiciamiento al terrorismo de estado, aunque con un mayor énfasis en la dimensión internacional de la defensa de los derechos humanos (condena al terrorismo e involucramiento en las gestiones para lograr la liberación de la ex candidata presidencial colombiana Ingrid Betancourt, hace varios años cautiva de la guerrilla colombiana).

Más previsible fue la reafirmación de la soberanía argentina sobre Malvinas y menos el reproche público –disfrazado de gesto pacificador- al presidente uruguayo, Tabaré Vázquez, por violar -con la autorización a la pastera de Botnia- el tratado del río Uruguay. Además de afrontarlas con puntualidad, las reuniones de Cristina con Fillón y Bachelet le sirvieron para completar una jornada en la que, además de los fastos y las emociones, la nueva presidenta buscó marcar precisamente eso: que la presidenta ahora es ella.





EL BUSCADOR
Buscar

 
 

Acerca de El Comercial | Suscribirse a El Comercial | Recomendar este sitio
Contáctenos: redaccion@elcomercial.com.ar




© 2000 - Todos los derechos Reservados