Año Nº 8 - Edición Nº 2.753 Lunes, 14 de abril de 2008 Actualmente usuarios conectados
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VIENTO NORTE
La reiteración de hechos violentos en la vida escolar sensibiliza a la opinión pública que, aunque haya incorporado algunos síntomas ásperos de la época, se niega a pensar en ellos como en algo normal.

Esa actitud de la mayoría de los ciudadanos es -por lo que se escucha- vigilante y participativa a la vez. La violencia escolar preocupa y mucho porque tiene el enorme riesgo de dejar de ser un fenómeno temporal para convertirse en una modalidad sistemática.

Los hechos más sorprendentes. En los últimos días, se incrementó la ola de violencia escolar hasta puntos extremos. San Isidro, Tucumán y Entre Ríos fueron escenarios de una violencia inusitada y con expresiones verbales amenazantes similares de los golpeadores, se trate de varones o de mujeres.

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La violencia tiene como consecuencia la discriminación hacia grupos o personas y se puede llegar a la segregación o a la agresión por el hecho de que otros piensen, actúen o simplemente sean de manera diferente.

El intolerante considera que ser diferente equivale a no ser iguales en cuanto a derechos. No saben convivir. Están lejos de sentir respeto por las normas de convivencia -convivir es saber vivir en compañía de otro u otros- apelan a los golpes para sacarse la furia que "algo" les genera.

En los casos arriba mencionados parecería ser la envidia. Además, los violentos se encuentran muy lejos de practicar la solidaridad que es la adhesión circunstancial a la causa de otros.

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El vulgarismo usado en hechos diferentes, nos llevó al significado de la palabra "cheto o cheta".

Es un adjetivo del lunfardo que según el Diccionario del Habla de los Argentinos de la Academia Argentina de Letras, se utiliza para designar lugares o bienes de consumo propios de una clase social acomodada.

O se aplica a personas, generalmente jóvenes y talentosas, que pertenecen o aparentan pertenecer a una clase social acomodada.

Las expresiones verbales utilizadas por los agresores responden exactamente a los significados del referido adjetivo.
Alguien podría decir que lo que pasa en las escuelas es el reflejo de una sociedad violenta y ésto no se puede negar.

Estamos rodeados de violencia a veces expresada a veces silenciosa pero varios hechos hacen sentir que algo que caracterizó a la vida argentina se está perdiendo.

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Consultamos sobre este problema al profesor neurobiólogo Osvaldo Panza Dolían quien dijo que "las condiciones culturales de hoy generan en los jóvenes memorias para las facciones violentas y entonces ellos actúan sin el correspondiente dominio de la valoración de los daños que se ocasionan a sí mismos y a los demás.

La corrección de este problema sería educar haciendo entender que se concurre a la escuela para aprender, para lo cual hay que abandonar el hábito de no estudiar y del facilismo". Agregó que "ésto se podría alcanzar con la participación activa del hogar que debería ser seguida por la escuela, institución que expresa y comunica los conocimientos..."

El tema es sumamente grave. Hace falta, sin dudas, el urgente despertar de la conciencia en todos los actores sociales.





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